
::::::::: Desde chica, siempre pensé que tengo un enorme potencial que todavía no ha sido descubierto. He sido tan, pero tan discreta, que nadie siquiera sospecha de ello. A veces, pienso que tanta moderación no ha sido precisamente la mejor herramienta para que la revelación ocurra. Quizás he pecado de mesura.
Como sea, mi tan esplendoroso talento es de carácter escénico/teatral. Lo curioso es que no he tenido grandes influencias audiovisuales. Nunca he manifestado ansias de bailar de manera profesional, ni tampoco se me ha pasado por la mente audicionar para algún casting, porque antes me daría un infarto de cobardía. Pero eso no interfiere con mi certeza de que algún día de estos me encuentren y se pregunten dónde he estado metida todos estos años.
La verdad, he esperado ya bastante, pero los diamantes en bruto siempre salen a flote, tarde o temprano.
Por eso, espero. Espero ir cruzando por la calle , estar tomándome un helado o haciendo fila para algo, y que, derrepente aparezca un desconocido con pinta de mecenas y me diga que tengo las características exactas que tanto ha buscado y que tanto necesita para protagonizar un vídeoclip. Yo seré la tan bien ponderada protagonista que actúa al son del próximo hit radial. He ahí mi asombrosa capacidad: poder interpretar cada una de las palabras y las ideas de la canción y ser capaz de hacer una coreografía sin necesidad de baile, con movimientos, miradas y gestos, expresando con fidelidad lo que quiere el director.
Pero como dije antes, espero. Y entre tanta espera, y a falta del padrino benefactor, me he vuelto mi propia directora de mis propios vídeos. Quizás es mejor, no recibo órdenes, pero a cambio, prescindo del reconocimiento mundial que implicaría recibirlas.
Esto de hacer mis propios vídeos, dirigidos por mí misma no es un chiste, no señor, es algo muy serio que requiere de gran concentración y talento, por cierto. Lo primero es la actitud. Este punto es indispensable, ya que sin la actitud de vídeoclip, el resultado es mediocre. Se tiene que estar completamente en sintonía con la canción y lo que ésta quiere provocar: pena, alegría, melancolía (esa es mi actitud favorita: me apoyo en una ventana y miro el horizonte, a punto de llorar), rabia, etc. Una vez identificada la sensación, hay que trabajar la mirada. La idea es mirar a la cámara como quien no quiere la cosa, osea, de vez en cuando y de cuando en vez, pero nunca de forma permanente. Eso revela ansias desesperadas de protagonismo, y eso está vetado. Acá, una es la diva y no anda lismoneando atención ni aplausos. Estos vienen por añadidura.
Hay algo curioso en esto de los vídeos. Siempre resultan a cabalidad cuando la persona que canta es mujer. Hablen de lo que hable, es más fácil. Cuando es una voz masculina, sólo se puede si ésta habla en tercera persona, no en cambio si dice lo mucho que está sufriendo o lo enamorado que está. Tiene su lógica. También, tienen la peculiaridad de enaltecer las acciones más cotidianas, volviéndolas de lo más dignas de imitar . ¿Cuándo planchar la ropa, lavarse los dientes o sólo manejar habían tenido tanto estilo? ¿Es la magia de la música o realmente eres el talento hecho persona? :::::::::::::: J.
si te sientes identificado, escribe tu canción digna de actuar como protagonista
2 comentarios:
No existe mejor performance que la hecha ante un espejo, el de la pieza, del baño, incluso el retrovisor es suficiente. Es que hay momentos de la vida en que todas las canciones parecieran haber sido hechas a medida, porque todas las malditas palabras se cruzan con nuestras experiencias.
Qué buena acotación eso de que la diva jamás mendigara cámara... El protagonismo está asegurado y el protagonista se deja querer...
Porque la vida se vive como un video clip!
Paaaaartieron!
F.
J. te diste demasiada licencia con eso del axe! Guatea pesado con tanto chiste internooo en vooo...
A todo esto no puse la canción: Fiona Apple-Fast as you can... Una interpretación llena de rabia, energía, pero dignidad!
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